viernes, 28 de noviembre de 2008

Gala

Sin ninguna doblez, y sin ninguna intención: este poema (y mira que yo soy más de narrativa) de Antonio Gala.

Tengo la boca amarga y no he mordido;
el alma, atroz, y la canción, tronchada.
No sé qué fuerza traigo en la mirada,
ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

No sé ni cómo ni por qué he venido.
Esto es todo: llegué; no sé más nada.
No me importa el quehacer ni la jornada,
y me da igual herir que ser herido.

La sangre, a punto, se impacienta y arde
por inundar la alcoba a la que vine,
donde fui tan feliz que fui cobarde.

Sólo pido al amor que no se obstine.
Me sentiré a su orilla cualquier tarde
para que alguien, de paso, me termine.

Solo porque mi jefe estos días se parecía a él, y aún sonrio de medio lado cuando me acuerdo de él con la bufanda puesta.

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Sólo pido al amor que no se obstine."


Pues según dicen, lo mejor de gala, además de su dicción, es su movimiento de lengua... Que para haber sido monje cartujo, no está nada mal...
jajajajaja
Saludos!