- ¿Cómo que no se permite dudar?
Estaba segura, decidida, y de pronto comenzó a dudar. Esto lo cambiaba todo. Ya no quería entrar.
Cada vez son más largas. Oscuras. Empiezan a ser frias. Y aún así son la mejor parte del día. No pueden durar eternamente...
Despacio y sin hacer ruido abrió el armario. No pensaba llevarselo todo, solo lo que considerase necesario. Escogió sin mucho cuidado lo que iba a meter en esa maleta azul que tenía encima de la cama. Si algo le hace falta, no es nada material, poco importa que se quede atrás. No se preocupó de colocarlo demasiado o de sujetar nada con las correas, tampoco disponía de tiempo para esos detalles.Donde hay opciones, donde no es fácil decidir.
Ahí es donde no quiero encontrarme contigo. Donde no quiero que vuelvas a estar.
Si supiera indicar, señalar la ruta más cercana y la más correcta, lo haría. Espero que todos los semáforos que te encuentres a partir de ahora estén en verde. Ya está bien de rojo.

- Hambriento, lo noto hambriento...
- Y qué come? No sé nunca qué desean comer estas "cosas".
- Pues... normalmente no necesita mucho. Se apaña con tres o cuatro palabras amables y con un par de gestos encubiertos. Si además añades unas sonrisas, queda saciado unos días.
- Entonces qué le sucede? Todo eso lo tiene.
- No lo sé.
es coger el reloj y tirarlo lejos, donde ya no pueda mirarte desafiante con sus agujas.